El proyecto del diputado nacional por el bloque de Hacemos Coalición Federal, Ricardo López Murphy, de sacarle tres ceros al peso y rebautizarlo “Argentum” sería una especie de brutal sinceramiento de la pavorosa desvalorización que ha venido sufriendo la moneda nacional desde hace casi 200 años: 1 peso de 1825 equivale en 2025 a unos 10 cuatrillones (16 ceros).
Desde 1970, Argentina eliminó 13 ceros de su moneda a través de sucesivos cambios de denominaciones: del Peso Ley, se pasó al Peso Argentino; luego, vino el Austral y, finalmente, el Peso actual, que entró en vigencia en 1991, y, si prosperase el proyecto Argentus, la cantidad de ceros suprimida ascendería a 16.
De ahí surge el cálculo, solo simbólico y aproximado, de que esos 16 ceros que fueron desapareciendo desde 1826 harían que aquel peso equivaldrían en 2025 a diez cuatrillones de pesos moneda corriente.
Al no existir series continuas ni equivalencias oficiales debido a los numerosos cambios de signo monetario, inflaciones y reformas económicas en casi 200 años, la cifra únicamente sirve para mostrar, en términos históricos, la gigantesca pérdida de valor de la moneda argentina a lo largo del tiempo.
En 1969, durante la llamada Revolución Argentina, bajo la presidencia de facto del general Juan Carlos Onganía, se sacó el peso ley 18.188, que equivalía a 100 pesos moneda nacional y a 2500 pesos moneda corriente. Y así se mantuvo hasta que, en 1983, se lo cambió por el peso argentino, eliminándole cuatro ceros y en 1985, durante la administración de Raúl Alfonsín, con Juan Sourrouille como ministro, se creó el peso austral que suprimió otros tres ceros.
En 1992, cuando Carlos Menem era el presidente y Domingo Cavallo el ministro de Economía, al austral, golpeado por dos hiperinflaciones consecutivas, se le eliminaron cuatro ceros se hizo una moneda convertible en una relación fija de uno contra uno con el dólar estadounidense.
Es decir que desde 1969 hasta 1992, la Argentina cambió cuatro veces su moneda y le quitó 13 ceros.
Fin de la convertibilidad
La caída del gobierno de Fernando de la Rúa determinó el fin de la convertibilidad, en 2002, mediante una devaluación y pesificación de deudas.
No hubo reforma monetaria ni se eliminaron ceros, pero desde entonces la inflación llevó a ir del uno a uno en enero del 2002 a 1260 transcurridos 23 años, mientras en países vecinos con crisis similares, como Uruguay y Brasil, pasaron de uno a cinco en el caso del real, y de 14 a 40 en la vecina orilla.
fuente NA
